151126 Hacerse el suecoVicki el vikingo, un sueco espabilado

No, emplear más horas no hace a nadie más productivo, punto.

El debate es de largo recorrido. Pero de hecho, no hay tal debate. Los fríos números (en este caso de la OCDE) dan una respuesta objetiva: los españoles nos pasamos una media de 1.720 horas al año en nuestro entorno laboral (que no es lo mismo que trabajando), 26 horas más que los británicos, 58 más que los suecos, 65 más que los alemanes y 92 más que los daneses. Sin embargo, estamos en el furgón de cola de la Unión Europea en productividad.

Hay diferentes estudios, como el publicado por la revista The Economist con datos también de la OCDE, que demuestran que cuanto más se trabaja, peores resultados se obtienen. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) coincide en el análisis, señalando que los empleados más productivos (y generalmente los mejor pagados) son los que menos tiempo pasan en la oficina. Pero ¿cuánto menos?

El verdadero debate y el mayor desafío para empresarios y responsables de recursos humanos, es encontrar el equilibrio entre lo profesional y lo personal para sacar el mejor partido en ambas facetas. Por eso Suecia se ha convertido en un fascinante campo de pruebas laboral desde que varias empresas decidieron aplicar jornadas laborales de 6 horas sin modificar los salarios, siguiendo la recomendación del Laboratorio de Políticas Públicas de Suecia.

En ese experimento social se han embarcado desde estudios de diseño hasta residencias de ancianos o la industria automovilística, como es el caso de la planta de Toyota en Gotemburgo, pionera en aplicar ese plan.

Esta compañía ha explicado que el cambio ha hecho que “el personal se sienta mejor, tenemos menos bajas voluntarias y es mucho más fácil encontrar nuevo personal para trabajar. El uso de la maquinaria es mucho más eficiente y se han reducido los costes del capital. Todo el mundo es feliz”. Además, ha aumentado la productividad un 25%.

Por ahora las conclusiones son similares en las otras empresas. La BBC recogía en un reciente reportaje las experiencias personales de algunos de esos trabajadores nórdicos: “Una vida más equilibrada”; “Más motivación y energía”; “Mucha más facilidad para conciliar con la vida familiar”; “Ya nadie calienta la silla”. Los comentarios se repiten.

Pero vayamos con la cara B de la iniciativa, porque no siempre reducir las jornadas ha dado tan buenos resultados. Una investigación realizada en Corea del Sur y publicada por el Journal of Happiness Studies apuntaba que en 2004, cuando en ese país se rebajaron por ley las 44 horas semanales a 40, aumentó la insatisfacción de los trabajadores por el estrés. Aunque la productividad mejoró.

La empresa médica norteamericana MedPreps probó hace dos años la jornada de seis horas y finalmente recuperó la de 8 porque “la gente se sentía mucho más agotada por la intensidad del trabajo”. En todo caso la productividad no disminuyó.

Por tanto, lo anterior parece indicar, con excepciones, que reducir el número de horas trabajadas por debajo de los 8 habituales no tiene por qué afectar a la consecución de objetivos, y si los afecta es para mejorarlos.

Es evidente, por otra parte, que el éxito de la medida (entendiendo por éxito también la satisfacción del trabajador) dependerá del ámbito de trabajo, de las tareas a realizar y de los medios con los que se cuente. No es lo mismo formar parte de una start-up como Treehouse, en la que se demuestra que basta con ir a la oficina cuatro días por semana, que ser médico de urgencias.

De modo que a la ecuación tiempo/trabajo/productividad deberíamos añadirle otra variable esencial: flexibilidad.

Tiempos cambiantes, ganancia de innovadores 😉

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2 Comentarios

  1. Alberto 4 de diciembre de 2015 at 10:05 - Reply

    Juan Luis:
    Siempre interesante y controvertido este tema.
    Estoy de acuerdo con que hay que desterrar el «presentismo», pero eso debe venir acompañado de un cambio más profundo en nuestra cultura profesional y personal, no solo en la aritmética de las horas. Estamos muchas horas en la oficina, pero también tenemos pausas muy largas para comer, pausas para desayunar, conversaciones en la máquina del café, reuniones no todo lo productivas que deberían ser…
    Tema complejo y fascinante.

    • Juan Luis Polo
      Juan Luis Polo 4 de diciembre de 2015 at 10:17 - Reply

      Muy de acuerdo: de hecho nuestra cultura, que prima la relación social antes que la ejecución en tiempo a la hora de abordar tareas, influye en esas horas de más que empleamos en resolver el trabajo.

      Y lo peor es que el que sí se esfuerza en conseguirlo, tiene que luchar contra la costumbre de los demás de estirar su jornada

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